Cometierra tomabirra
“Tenía muchas ganas de tomarme una cerveza. Respiré profundo, todavía sentía la tierra en la boca, pero no volví a cerrar los ojos (...) Largué el aire despacio mientras pensaba, de nuevo, en la tumba de mi vieja, en la de al lado, en Ezequiel, y yo escabiando como si se acabara el mundo”.
Cometierra, Dolores Reyes.
Desde la aparición de Cometierra en abril de 2019, Dolores Reyes fue un auténtico boom. Ese mismo año, un mes antes, yo había empezado a estudiar Letras en la UNL y los docentes recomendaron su obra al toque, al punto tal que en junio Dolores fue una de las invitadas al Argentino de Literatura, un evento anual que organiza la universidad.
Sabiendo todo eso de la escritora y su obra, recién leí Cometierra el año pasado. Cómo me cuestioné haber postergado su lectura. Al libro lo saqué de “la Pedagógica”, una biblioteca centenaria, grande y hermosa que está en plena peatonal de Santa Fe. A los meses salió Miseria, la secuela, que también pedí prestada de la biblioteca, así que pude leer los dos libros casi al hilo, con poco tiempo de diferencia.
En estas últimas semanas, la obra de Reyes volvió a la escena mediática por haber sido considerada “inmoral” por su contenido sexual por parte de la vicepresidenta Villarruel y otros dirigentes, al igual que otras obras literarias que circulan en las escuelas bonaerenses. A las críticas e intento de censura de grupos y sectores antiderechos le sucedieron un récord de ventas y una lectura colectiva de Cometierra, de la que participaron un centenar de escritores como muestra de solidaridad y apoyo.
Cuando me enteré que Dolores venía a dar una charla a Paraná, a la facultad donde estudié Comunicación Social, me compré los libros sin dudar y viajé desde Santa Fe a escucharla. La recibió un auditorio repleto y después se quedó firmando ejemplares, entre ellos los míos.
Qué libros, quedé fascinada. Recuerdo que a Cometierra en pocas horas lo devoré: cuánta contemporaneidad, el conurbano es el paisaje en el que me encuentro con Laura y otras amigas de la birra, se sienten la sororidad, las ganas de aprender y explorar la vida con la misma intensidad que duelen y se nos revelan las injusticias y los femicidios, angustian la orfandad y las chicas que ya no están.
Cuántos litros de cerveza que corren en la historia, compartidos con Ezequiel, Walter o en soledad. Cometierra tomabirra y de eso va el newsletter de hoy.
“Le encanta la cerveza, vive tomando birra y es como algo que la relaja, la ayuda a dormir, a transitar cosas muy duras como lo que la tierra le muestra. Es una compañía”, me cuenta Dolores mientras me dedica mi ejemplar de Cometierra.
El destapador es la única conexión que quedó entre Cometierra y su papá. Ella quiere saber dónde está, qué hace, cómo vive tras haberle arrebatado a golpes a su mamá, después de “nunca más mamá y yo”.
“Después agarré todo, tierra y destapador, y pensé en la última vez que lo había visto a mi viejo destapando una birra. Pensar eso me dolió”, se lee en el libro y el viernes me dice Dolores: “Hay una marca muy fuerte de memoria, de no querer soltar porque es un padre a la vez monstruo y a la vez sigue siendo el padre. Ahí se debate entre rastrearlo o no rastrearlo y finalmente ella decide que sí”.
“Ezequiel pidió una cerveza que yo no había tomado nunca. Una negra de una marca rara. La trajeron de toque, helada. Todo me gustaba de estar ahí, de sacarme la tristeza de la tierra en el cuerpo con papas fritas y birra”.
La comida en Cometierra es volver donde una fue feliz. Comer panchos a punto de rebalsar de mayonesa con birras heladas le parece un buen plan y la milanesa con papas fritas es su plato preferido, era la comida que su vieja le preparaba para su cumpleaños.
“Para mí es algo constitutivo, además teniendo una infancia tan dura, encuentra un recuerdo amoroso de la madre en los cumpleaños. Entonces, es algo que la vincula a un placer perdido, porque esa madre no está pero se la recuerda con mucho afecto y ahí está la comida”, expresó Dolores mientras terminaba de dedicarme con cariño mi ejemplar nuevísimo de Miseria y nos despedimos.
Hasta el próximo domingo.




